sábado, 5 de diciembre de 2009

El bar de "Canela"

“El bar de Canela” Un Lugar de Encuentros.

Corría el año 1949, José junto a su señora vinieron a vivir a una casa de inquilinatos en Villa Dominico, por aquellos años Villa Dominico era un barrio con muy pocas casas, no tenían agua corriente, y sus calles eran todas de tierras.
A los pocos días se fue haciendo de amigos, todos se conocían por los apodos, el japonés, el taño, el lechero, el fotógrafo, y el gallego y se juntaban los domingos en la puerta de su casa para charlar de los resultados de sus equipos de fútbol.
Con algunos tomaba el tren a las 4 de la mañana rumbo a su trabajo, para llegar a la Estación era un problema, estaban los pastos muy altos, y las luces eran muy escasas,
Una mañana estando en la Estación, con el japonés y el Tano, vieron como levantaban unas persianas, se preguntaron qué será. Subieron al tren hablando de eso y quedaron con el resto, que cuando volvían de sus trabajos ir a ver de qué se trataba.
Cuando llegaron grande fue la sorpresa vieron que habían abierto un bar, y que en un pedazo de madera le habían escrito “El bar de Canela”, Don José con sus amigos entraron y enseguida el propio dueño se les acercó.
Me cuenta que el bar era de ladrillos sin revocar, sus sillas y mesas eran de maderas, y se podía tomar todas clases de bebidas, café, te y comer algo, por ejemplo alfajores, galletitas.
Al darle el propio dueño la bienvenida, Don José pudo ver que todos eran vecinos, se sentaron para tomar una copita de grapa ya que era pleno invierno.
Con correr del tiempo, hicieron la cancha de bochas donde jugaban y se entretenían. Un día Don José entró al bar antes de ir a tomar el tren a tomar su “grapita”, y grande fue su sorpresa, al lado del mostrador estaba el Boxeador El Mono Gatica, enseguida le pagó lo que estaba tomando.
Don José y sus 6 amigos se veían siempre pero el sábado era exclusivo de ellos no faltar.
Al correr los años justo al lado se abría la única Pizzería de la zona, donde antes de entrar al bar entraban para encargar la pizza que luego llevarían a sus casas, me cuenta que a la dueña de la pizzería le habían puesto de apodo La uña de gato, por sus uñas muy largas.
También encargaban algunas porciones de pizza para comer con sus amigos.
Me cuenta que el bar, era como su casa, hablaban de todo y se cargaban con los partidos, y entre ellos se festejaban sus cumpleaños.
Siente mucha nostalgia recordando su pasado pero cuenta con alegría todo lo lindo vivido.

1 comentario:

Roberto Calvo dijo...

Primo: Sos un guacho me has hecho llorar por los recuerdos te pasaste de donde sacaste todo ese material me parece estar viviendo ese momento besos Roberto Calvo